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sábado, 21 de noviembre de 2015

En picada desde Pink Floyd a Belinda



¿Gusto culposo o no tal culposo?. 

-Hola me llamo Francisco y me gusta una canción de Belinda (de pie delante del círculo de personas en grupo de autoayuda)-. La noche me da amnesia oh oh, mi mente da mil vueltas oh oh; sí, lo acepto, me gusta esta canción de esta cantante Mexicana, ¡Y qué!; Dopamina está oculta en mi reproductor de música de mi teléfono. Creo que he tocado fondo, luego de haberme tirado en picada desde las alturas de Pink Floyd a esta oda del pop mexicano.

Esta declaración tampoco es tan grabe, esta rola del 2010 es simplemente aceptable-random, de esas que te salen en la radio cuando vas manejando y no puedes quitarla porque estás cambiando velocidades y viendo las señales de tránsito. El video, que se ve que le metieron buenos dólares, es visualmente bastante bueno, muy onda surreal y multicolor, y de Belinda solo puedo decir que está excepcionalmente buena y exquisita, es todo una bellezón andando. Y haciendo precisamente la aclaración a este último punto, mi gusto por ella es más precisamente por ella que por su música, aunque tengo que aceptar que he sucumbido a esta canción, pero les aseguro que no tengo ninguno de sus CDs.


Todos tenemos gustos culposos y el que esté libre: que tire el primer disco.


lunes, 16 de noviembre de 2015

El día en que me dijeron: Amargado


-“Francisco es bien serio, se ve bien enojado”- cito textualmente lo que mencionó el otro día una de mis compañeras de cubículo del trabajo. Luego de haberse roto el silencio con tal aseveración no me quedó otra que unirme al efecto dominó de risas de mis compañeros a mi alrededor, -¿Cómo me has dicho?, ¡Qué soy amargado!- JAJAJAJAJA entoné satíricamente en ese momento. Dicen que alcanzas la adultez y cierto grado de madurez cuando logras reírte de ti mismo, y quizá es cierto, porque hasta la fecha me sigue causando gracia este episodio.

Creo que tendré que inscribirme a un curso rápido de relaciones públicas, para quitarme esta fachada de chico migraña y quizá eso resuelva la percepción que muchos tienen sobre mí. Sí lo acepto, sé que soy culpable de ser súper concentrado en mi trabajo, de la manía de querer hacer todo bien y de ir a mis aires siempre. Por años he venido perfeccionando el arte de la disciplina, una virtud que desde pequeño he maquinado en muchos aspectos de mi vida, y digo algunos, porque en el departamento de la educación física y deportes no más no ha surtido efecto alguno, pero eso es tela para otro post y muy largo de contar. Pero no se fíen debajo de ese semblante de hombre sin sonrisa con mirada de Clint Eastwood viendo al monitor de la computadora, hay alguien que guarda muchas sorpresas.

Generalmente suelo pasar muy serio mientras trabajo, y es que la verdad estoy en un mundo donde el estrés está a la orden del día y es inevitable no tener mi cara de WTF cada vez que tengo una asignación que tiene que ser entregada a la velocidad de la luz con indicaciones indescifrables; a lo mejor tiene también mucho que ver que cada día me hago más viejo y veo la vida desde el balcón de: Tengo tantas cosas que pagar”… A trabajar se ha dicho.

Hoy en día puedo decir que estoy en proceso de rehabilitación de las amarguras diarias, They tried to make me go to rehab but I said, no, no, no, sí eso mismo, que con el paso de los años he estado aprendiendo que la vida son dos días para estarse estresando más de la cuenta y que hay que reírse hasta de uno mismo. Al menos sé, que ahora aunque tenga constantes recaídas y cortos circuitos estoy en el camino del Yo lo intento. Pero sea como sea, no se crean, detrás de este chico serio que siempre viste de gris hay un ángel dulce como la miel. Ehhhhhhhh ¿O será de cianuro?.


:)

martes, 3 de noviembre de 2015

Los gorros también son para los grandes



De pequeño jamás utilicé ningún tipo de gorro, eso sí, siempre fui un niño de overalls con forma de ratón, seguro luego haré remembranzas de esa época tan ridículamente humillante de mi vida. Hoy ya de grande, días en los que me siento muy adulto desenvolviéndome en la aburrida independencia de la vida, uso gorro, y uno bastante peculiar.

No lo uso por moda, ni tampoco porque no haya superado aún mi etapa de pseudo japonés, en la que me gasté varios meses aprendiendo caracteres incomprensibles de la tierra del sol naciente, de los cuales ahora no recuerdo ni uno; los uso porque gracias a que la evolución humana lejos de ser perfecta como aseguran algunos, a mí me ha jugado algunas bromas de mal gusto, regalándome en estos últimos años problemas de alergias y sinusitis crónicas, achuuuuuú!, como odio este clima.

Luego de saborear los efectos colaterales de todos los medicamentos que he podido probar, he de confesar alucinantemente deliciosos, y de haber experimentar como todo tal cual curandero de las Amazonas con varios remedios sacados de la botica de la abuela, me di por vencido; no puedo mentir, la verdad es que he mejorado bastante y  hasta el día de hoy he encontrado un medicamento que me ha servido mucho, pero sumado a ello estoy realizando lo que yo llamo: “Experimento G.C.L.A.Y.L.S.”. De momento vamos por buen camino.

Hace un buen tiempo una colega y buena amiga, apasionada de todo lo alienígena,  me regalo un gorro bastante, digamos, diferente, sí una versión de zombie-monstruo estilo caricatura japonesa de Cartoon Network (no me hagan caso, no sé ni que estoy diciendo), pues eso, que el susodicho es un gorro bastante peculiar con un ojo salido y una risa de dientes chimuelos. Me gusta, claro que me gusta, y más porque soy amante de las cosas extrañas y peculiares, lo uso, eso sí en la intimidad de mi dormitorio. Y es que no sé donde o a quien escuché decir un día, que dormir con gorro ayudaba mucho para los problemas de sinusitis e inflamaciones de los senos paranasales, -¡Eso tengo que probarlo!- me dije recordando que tenía un gorro guardado que me mira cada vez abro las puertas de mi closet. Y heme aquí cada noche disfrazado de otaku.

De momento seguiré con esta moda suburbana en plan cosplay, utilizándolo cada vez que me vaya a la cama, en un intento desesperado de sobrevivir a esta tortura de estornudar a cien por minuto.


(G.C.L.A.Y.L.S / Gorro Contra La Alergia Y La Sinusitis).




miércoles, 28 de octubre de 2015

Browniefobia



Todos los que me conocen saben que no soy precisamente un fan del chocolate, ¡sí eso mismo! quedense boca abiertos por tal aberración gustativa; y es que no puede haber ser humano sobre la faz de la tierra que no disfrute el placer de comerse un buen chocolate o todas las cosas que existen hoy en día de este manjar que debemos agradacerle a las Américas.

Siempre he sido el tipo de hombre que le ha tenido fobia a los brownies, quizá el único, no porque esté mal de la cabeza o algo así, sino porque que soy ehhhh digamos… un poco intolerante a las cantidades descomunales de azúcar, cosa que le agradezco a algunos padecimientos de salud los cuales serán revelados en mi E! True Hollywood Story. Oficialmente acepto ser defectuoso de fábrica y le tengo miedo a los brownies.

Muy pocas veces he comido brownies, para ser más exacto dos veces en mi vida. La primera vez que probé un pedazo de este decadente postre, fue en un café bistró que estaba en una esquina de una universidad, y digo “una tal cual” porque no era donde yo estudiaba, en realidad no recuerdo que andaba haciendo por esos lados con la novia que tenía en aquellos años; pero aquella tarde nos auto invitamos a una tertulia de café, con agarradas de manos bajo la mesa y un temido “Brownie à la Mode”, una mezcla pretenciosa de un clásico norteamericano al estilo francés y por si fuera poco con una bola de sorbete de vainilla por encima, digno de todo un pseudo bistró universitario. De ese día no recuerdo mucho, pero los flashbacks que me saltan en la memoria no son para nada gratos; y entre manos temblorosas, dolor de panza y un especie de descomposición orgánica, ese día caí tumbado sobre mi cama.

Ayer en mi trabajo, donde toda realidad se convierte en un episodio surrealista, una de mis vecinas de cubículo se ha dispuesto a ser toda una magnate de la repostería con su novio, vendiendo alfajores, tartaletas, pasteles y los channn channn: temidos brownies. Influenciado por el efecto de compra dominó, terminé tomando una bolsa de 4 brownies en presentación de tentempiés, no lo niego estaban deliciosos, tanto así que me dejé seducir por el sabor de dos de ellos y de un solo bocado. -Son tamaño petit- dije negandome ante el inminente desastroso desenlace de toda esta historia, a  los pocos minutos sentí como corría por mi cuerpo un hormigueo nauseabundo y como mis ojos veían de manera extraña el monitor de la computadora, -¡otra vez nooooo!-, me repetía mientras mi estado físico se derrumbaba en picada. Al final terminé regalando las otras dos porciones que me sobraron y esa noche intentando todo remedio posible, como injerir chile en hojuelas y nachos barbacoa, solo conseguí tener una noche fatal.

Dos días después, sigo sintiendo muy a lo lejos, los estragos de tal bomba de azúcar en mi cuerpo. Definitivamente los brownies y yo somos los perfectos archienemigos de película. Por supuesto yo soy el bueno.

PD: Brownie me las vas a pagar!

domingo, 25 de octubre de 2015

I LoveFuckingHate Universidad


Tengo una relación amor odio con mi universidad, más de odio que otra cosa. Luego de estar casi 30 minutos asoleándome mientras esperaba que abrieran una de las oficinas que debería de haber sido abierta precisamente antes de esos 30 minutos, el tiempo justo en el que me pongo como un camarón cocido ; me entretuve todo ese tiempo escuchando una de las platicas más primitivas que una mujer le decía a su amiga: “Yo no voy a dejar que esa perra me quite a mi novio, ya van varias veces que me las hace, pero no lo voy a dejar”. Vamos a ver, primero que nada creo que una parte de culpa de la cultura machista la tienen este tipo de mujeres que coagulan y alcahuetean cada vez más este tipo de comportamientos que denigran su integridad, segundo si lo quieren ver de esta manera, y esto aplica para hombres y mujeres, cuando tenés un tomate que está pudriéndose en la cajuela de las verduras del refri, ¿qué haces?, pues no lo dejas allí para que eche a perder todo lo demás, lo más lógico es que lo tirás a la basura, pues es tan simple como eso, como sumar 2+2=4 no 5, ni 1, ni 8. 

Momento después de asimilar la novela del novio infiel y la mujer sumisa, tengo que recalcar la amabilidad de las personas de atención al cliente de las unidades de gestiones para estudiantes, nótese mi sentido envenenado de ironía; debería de ponerse un buzón de sugerencias o hacer un “Undercover Boss”, para que se den cuenta de lo pésimo de este servicio, somos estudiantes no aberrantes Orcos (bueno algunos sí). Y por si fuera poco, me encuentro con una pseudo huelga de hambre y la categorizo en ese nivel, porque más parecía un sketch de algún programa barato de comedia, que algo serio, con sustancia de causa y más cuando veo a los huelguistas haciendo el paripé del medio muerto en una camilla mientras otro se comía una galleta Cuétara de chocolate, ay! esta cultura progre que se masifica como un virus. 

Al final luego de atravesarme todo el tráfico de la ciudad y gastarme casi $40 de gasolina (el doble de lo normal) ya tengo mi constancia, bueno a medias, porque una de las oficinas estaba cerrada, asumo yo que aprovechando el asueto obligado por una huelga nivel ripley. Conste que no todo es malo, en esta Universidad tuve grandes experiencias de vida y sobre todo conocí a grandes personas como a la niña con la que tuve mi idílico amor de secundaria y que me robó el aliento en una exposición, a la gran amiga de las Europas y al par de camaradas con los que hacemos tertulias filosóficas interminables. 

Ya no sé si cada ida a mi alma mater es un viaje al No Mundo de Beetlejuice o uno de los anillos de Dante, y es que no quiero dármelas de señor correcto crítico de todo, no soy ni lo más cercano a un hombre perfecto, pero al menos intento hacer las cosas de la manera más civilizada y coherentemente posible. 


I lovefuckinghate Universidad!